Mirandilla. (Badajoz). 15 de abril de 1980.

Los vecinos de esta tranquila localidad no olvidarán mientras vivan aquella extraña aparición que hizo acto de presencia la noche del 15 de abril de 1980.

En contraste con la negrura del cielo nocturno, una fuerte luz, que de lejos parecía anaranjada, de ahí su confusión con un posible fuego, de cerca era de un blanco cegador. Hasta tal punto, que las escaleras de acceso al chalet se veían como si fuera pleno día. Detuvo la marcha y contempló “aquello” intentando comprender de qué se trataba. La luz procedía de las alturas y formaba una descomunal cortina que iluminaba el chalet y los alrededores. Como el coche se encontraba en acceso de subida, el industrial encendió la luz larga, que incidió sobre el chalet. Esta acción produjo un cambio en la situación propiciando una mejor observación.
La luz se convirtió en dos columnas en forma de cono, de brillante y deslumbradora luminosidad. En la oscuridad, Ferrán trató de buscar el origen de tan cegadora luz. En el punto superior, que hacía de vértice, y que se encontraba muy por encima del chalet, se podían apreciar una serie de luces semejantes a pilotos de coche, de un color que iba del rojo al anaranjado y daban base a una estructura “tan negra” que se confundía con la oscuridad de aquel cielo nocturno ocultando las pocas estrellas visibles.

Por encima, otra hilera de luces amarillas, rojas y naranjas, de mayor tamaño que las de abajo. Según el industrial, el conjunto proporcionaba una silueta similar a un enorme sombrero del que de los extremos de sus hipotéticas alas salían los chorros de luz, lo que hacía que no se pudiera concretar con exactitud la forma final de estas.
Volvió a bajar la vista hacia el chalet y, en ese momento, algo llamó su atención. Una luz empezó a moverse y a destacarse entre las demás. Se trataba de una esfera roja que comenzó a girar en torno al conjunto.

Ferrán miró a los focos de luz y comprobó que la distancia entre ambos era enorme. Más tarde comentaría: “En mi vida profesional estoy acostumbrado a medir fachadas y solo he visto algo comparable en Cádiz, cuando vi atracado en el puerto un portaaviones norteamericano”.

En ese mismo momento, los vecinos que se habían congregado, y que ya eran buena parte del pueblo, oyeron un ruido que posteriormente, en la conversación que tuvimos con ellos, todos coincidieron en describir como “una caída de tablones”.
El enorme y oscuro objeto que se apreciaba como algo sólido, sin ventanas, puertas u otra singularidad que no fuesen las luces y la extraña esfera que giraba a su alrededor comenzó a elevarse a la vez que la esfera desaparecía. Simultáneamente y de forma asombrosa el objeto quedó convertido en puntos luminosos sobre unas encinas situadas a varios cientos de metros.

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El O.V.N.I de Juan jose.

Cierta noche regresaban el y su mujer del pueblo de ésta, Mirandilla, a pocos kilómetros de Mérida. Al dejar las últimas luces del pueblo la noche era clara, pues ni había nubes y la luna daba una buena iluminación a los bordes de la carretera y el resto del campo. Conducía su mujer, ya que el no tenía carnet de conducir, y la velocidad a la que iban era bastante prudentita ya que aunque eran pocos kilómetros la carretera era comarcal que no daba tampoco como para correr mucho, y enlazaba con la antigua nacional que une Mérida con Cáceres, hoy apenas transitada por la construcción de la autovía.

Cuando apenas habían recorrido un par de kilómetros desde la salida del pueblo, de repente y en mitad de la carretera vieron un objeto oscuro que a cierta distancia pensaron se trataba de una camión con las luces apagadas, pero cuando se fueron acercando y según sus propias palabras sintió como se le erizaban hasta los pelos de la nuca. Lo que había allí parado no era un camión, ni un tractor, ni una cosechadora, era una especie de gran esfera que ocupaba todo el ancho de la carretera, de unos cinco metros de alto, sin ningún tipo de aberturas visibles, de un color naranja intenso, casi del color de una bombona de butano, me decía. Y lo que más les acojonó es que ese cacharro parecía estar flotando sobre el suelo a una altura de un metro o metro y medio. Como veían que se acercaban más y más y aquello no se movía pararon a una distancia de unos 25 m. Nada más parar, aquel cacharro de repente se movió a una velocidad vertiginosa a un lado de la carretera, a una distancia de unos 30 metros. Aquello ya les dejó helados. No sabían que hacer, como reaccionar y por supuesto llamar a nadie ya que los hechos calculo que fueron unos tres o cuatro años antes, es decir sobre 1988 ó 1989, así que de moviles nada. Tampoco pasaba absolutamente nadie por aquella carretera a esas hora.

Cuando al poco consiguieron calmarse ligeramente, decidieron que lo mejor era tirar hacia adelante y conseguir llegar a la carretera nacional donde a pesar de ser ya altas horas de la noche habría más coches.
Así lo hicieron, a una velocidad en principio muy lenta, y para sorpresa de ellos cuando llegaron a la altura de aquel objeto, justo en paralelo, empezó a moverse justo a la misma velocidad que ellos lo hacían y manteniendo la misma distancia. Si aceleraban, aquel cacharro hacía lo mismo, si reducían también, e incluso una parada que hicieron también lo hizo. Los cinco o seis minutos de toma y daca con aquel artefacto fueron los más largos de su vida según me contó, hasta que por fín vieron el cruce con la carretera nacional, y aunque no había ningún vehículo transitando en ese momento, justo un centenar de metros antes de llegar aquel cacharro dío una especie de vuelta hacia el otro lado se elevó unos metros y salió disparado hacia las alturas a una velocidad endiablada, perdiéndose de vista a los pocos segundos. Después llegaron a la nacional y siguieron camino hasta Mérida no dando crédito logicamente a lo que habían experimentado.

Niotii-OVNI